
Las chauchas o judías es una de las leguminosas (plantas de frutos con forma de vaina con alto contenido proteico, que presentan semillas en su interior), más utilizadas. Son originarias de América del Sur y Central, aunque actualmente se cultivan en todo el mundo, debido a su fácil adaptación, transporte y almacenamiento.
Históricamente se afirma que esta verdura es uno de las primeros alimentos que encontraron los europeos en América, en el siglo XVI. También se dice que los indígenas solían comer chauchas o judías en estado verde o seco, fibrosas y con muchos hilos, a diferencia de las actuales variedades tiernas disponibles desde hace 50 años. Servidas siempre cocidas, estas hortalizas son parte integrante de ensaladas, preparaciones calientes o de exóticos platos de sobremesa.
Muy nutritiva.
Como todas las leguminosas, las chauchas fueron siempre consumidas por la sensación de saciedad que producen en el organismo, a consecuencia de su alto contenido proteico. Sin embargo, ellas aportan también gran cantidad de fibra, calcio, potasio, hierro, magnesio, y vitaminas B2 y B6, folatos (intervienen en la producción de glóbulos rojos y blancos), betacaroteno (se transforma en vitamina A, rica en antioxidantes) y vitamina C. De bajo aporte calórico, menos de 30 calorías cada 100 gramos, las chauchas contienen también cromo (oligoelemento que colabora en el metabolismo de la glucosa) y son, para beneplácito de los hipertensos, pobres en sodio.
El consumo de esta hortaliza es recomendado por los médicos a embarazadas, por su contribución de folatos, vitamina fundamental para el buen desarrollo del feto, y a niños, debido a que previene ciertas deficiencias. De todas maneras, es importante para su consumo se seleccionen frutos inmaduros, es decir, vainas de tamaño pequeño con semillas chicas, porque con la maduración se endurecen y forman un tejido fibroso y demasiado duro. En próximas entradas explicaremos como seleccionarlas.